martes, 26 de julio de 2011

Historias de los Pueblos Fumigados julio 2011

Por: Pablo Bassi, Caras y Caretas - 2011
La cuarta parte de la población, que vive rodeada por plantaciones sojeras, está expuesta a las consecuencias del uso de herbicidas. Varias comunidades ya se organizaron, y un grupo de médicos y científicos viene trabajando para denunciar la situación

Por: Pablo Bassi en Caras y Caretas

En diciembre de 2001, Sofía Gatica tomó nota de la cantidad de vecinas que cubrían sus calvicies con pañuelos, y de niños con barbijos. Comenzó a registrarlos, entonces, casa por casa, con datos personales y diagnósticos. Para una humilde comunidad de 5 mil habitantes como Barrio Ituzaingó, al sureste periférico de la ciudad de Córdoba, el relevamiento llevó cuatro meses. Finalizado, presentó un informe al ministerio de Salud local.

Las madres del Barrio Ituzaingó, símbolo de la lucha de los pueblos del interior afectados por el uso de plaguicidas, se organizaron para denunciar hijos con leucemia, malformaciones, recién nacidos sin maxilar ni diafragma o con manitos de seis dedos. Adolescentes muertos por anemia hemolítica y un registro de 300 casos de cáncer. El 100% de los análisis sanguíneos en niños obtuvieron como resultado la presencia de agroquímicos.

A fin de 2002, las Madres reportaron porciones de endosulfán y metales pesados en tanques domiciliarios de agua, PCV en el aire, PCB en los transformadores y otra variedad de sustancias químicas en el suelo. “El problema es que el barrio está dividido, porque muchos de los pobladores prefieren no quejarse a que se desvaloricen sus viviendas, porque al estar en un barrio contaminado que linda con campos de cultivo, pierden valor”, se resigna María Godoy, Madre de Ituzaingó.
Pese a la normativa provincial de excluir los primeros 500 metros alrededor del barrio y los 2500 para las fumigaciones aéreas, los aviones continúan planeando. Por ello, sigue en pie la denuncia realizada en 2002, que hoy está en la Corte Suprema de Justicia. “Queremos resaltar que gracias a nuestra lucha pusieron tras las rejas a un sojero de nuestra provincia. Estuvo cinco días en la cárcel, hoy está imputado e irá a juicio. Lo lamentable fue que luego de que la policía lo liberara, me llamaron para alertarme que si me pasaba algo, porque fui yo quien denunció la avioneta fumigadora, los llamara por teléfono. Me dieron el número del tribunal y entonces pregunté: ¿Si me matan, cómo aviso?”, recuerda la Madre Sofia Gatica.

El investigador loco

Andrés Carrasco es investigador principal del CONICET y profesor adjunto en la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA. En 2007, comenzó a corroborar en su laboratorio las historias de vida que suceden no sólo en Barrio Ituzaingó, sino también en otros pueblos de Córdoba, Santa Fe, Chaco y Misiones. “Allí está concentrado un cuarto de la población argentina, delimitado por 20 millones de hectáreas afectadas por 270 millones de litros de herbicidas ligados a cultivos transgénicos y no transgénicos”, nos confirma Carrasco.

Su estudio fue sencillo: tomó una dosis de glifosato, principal herbicida empleado para potenciar el crecimiento de soja y otras semillas, la diluyó a una escala 5 mil veces menor a los productos utilizados en el campo, y allí sometió a embriones anfibios. “Los sobrevivientes”, explica, “presentan malformaciones que se reiteran: de cráneo y estructura encefálica, y un aparato digestivo que no es normal.

Hoy se sabe que el glifosato circula por sangre, que va a los tejidos y pasa la placenta. Por ello, no hay duda sobre la posibilidad de que si hay glifosato en sangre, pase al embrión”, concluye Carrasco. Así fue informado públicamente en abril de 2009 a través de un artículo en Página 12. Cuatro meses después, en una revista científica de los Estados Unidos.
Desde aquellos días, al científico se le hizo todo más difícil. “Testaferros como Clarín y La Nación gritaron mucho. El presidente la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa, Víctor Truco, decía que yo no existía. Hubo gente del sector público que me descalificó diciendo que mi investigación era una farsa y prometiendo a las empresas callarme. Desde el CONICET, del cual fui director, crearon una comisión que plantea no asustarse con el glifosato. Por supuesto, tuvieron que reducir las fuentes de ese informe del que, además, participó un ingeniero agrónomo que hizo trabajos con Monsanto y fue miembro de la comisión que aprobó el uso de glifosato en 1996”, sentencia Carrasco.

Encuentro de pueblos

Las formas de transmisión de los plaguicidas al cuerpo humano pueden ser por inhalación, por la piel, en contacto con la tierra impregnada en plazas, escuelas, canchas de fútbol. Asimismo, por agua y alimentos. Es fácil. Son muchos los pacientes, pocos los denunciantes.

Uno de los que acompañó al puñado de médicos que asisten a los pueblos fumigados sin temor a perder el trabajo fue el doctor Medardo Ávila. Juntos crearon la Red Universitaria de Ambiente y Salud, promotora del primer Encuentro de Médicos de Pueblos Fumigados en 2010, y del segundo, hace tan sólo unos días. Sus conclusiones son contundentes: “Existen casi 12 millones de personas fumigadas en el país. En esas zonas, la tasa de malformaciones es cuatro veces mayor a la de las ciudades. En los pueblos, como en Barrio Ituzaingó, la primera causa de muerte es el cáncer con el 33% de los decesos, mientras que en las grandes ciudades, la primera causa son los problemas cardiovasculares con el 27%, y recién la segunda el cáncer con el 19 por ciento”, asegura Ávila.

En los encuentros se responsabilizaron a las grandes empresas comercializadoras de productos como Monsanto, Chemical y Bayer, entre tantas. También a los grandes pooles de siembra, aunque el ingeniero agrónomo Javier Souza Casadinho, coordinador de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina, aconseja “también mirar hacia lo pequeños productores, no para culparlos, sino para trabajar con ellos y que puedan internalizar la problemática, el impacto en la salud y, sobre todo, que puedan reconocer y adoptar las alternativas de cambio. El verdadero problema son los monocultivos que al no poder recrear las condiciones reales de crecimiento y desarrollo, requieren la aplicación permanente de plaguicidas.”

La Argentina no es el único reducto en el mundo con pueblos fumigados. Uruguay, Chile, Brasil, Paraguay y Bolivia también los padecen. Sin embargo, los gobiernos de Evo Morales y Fernando Lugo comenzaron a discutir la problemática buscando prohibir los agroquímicos más tóxicos y tratando de generar alternativas de producción no contaminante.

Chau endosulfán

Los oficialistas Julia Perié y Raúl Solanas presentaron hace unos años proyectos de ley para tratar el uso de plaguicidas. En septiembre de 2010, también lo hizo la diputada de Libres del Sur, Cecilia Merchán, con el acompañamiento de varios partidos. Sin embargo, girado a comisiones, el proyecto nunca contó con el dictamen de los bloques mayoritarios.

Por ahora, sólo están en pie las sentencias judiciales de Barrio Ituzaingó y San Jorge, provincia de Santa Fe, en donde está prohibido fumigar con avionetas en las adyacencias a los cascos urbanos. “En los fallos vemos claramente el rol de las cámaras patronales: ellas son la contraparte. Incluso, en el incidente en La Leonesa, provincia de Chaco, cuando su intendente junto con 150 personas agredió a Andrés Carrasco y al diputado provincial de Libres del Sur, Carlos Martínez. Los representantes de las cámaras fueron parte de las agresiones”, advierte Merchán.

“El error del Ejecutivo es no reconocer que hay un impacto para la salud desde esta actividad. El ministerio de Salud puso en duda el tema de la toxicidad del glifosato para la salud humana. Su conclusión fue que no hay evidencia suficiente”, continúa la diputada, en acuerdo con las declaraciones de Carrasco.
La pulseada que llevan adelante las organizaciones sociales, los Médicos de Pueblos Fumigados y algunos legisladores lleva desventaja, pero logra avances. Reunidos hace unas semanas en una audiencia convocada por Merchán, instaron al gobierno nacional a que incluya al endosulfán (una de las sustancias más aplicadas en nuestros cultivos y prohibida ya en 74 países) como un insumo prohibido para su uso, en el marco del Convenio de Estocolmo.

Desde Suecia, nos escribe Souza Casadinho, al terminar estas líneas: “Hoy a la tarde, la representante argentina, Dra. Romina Bocache, me confirma que nuestro país tiene la posición de incorporar al endosulfán. Me prometió que mañana viene un representante del servicio de sanidad y charlaremos sobre alternativas. Es una muy buena noticia”.

2 comentarios:

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